Asustada de encender la televisión y sólo ver charcos de sangre en cualquier ciudad de horror y de espanto, de llantos de muerte tapando heridas con sal. Angustiada de madrugar cada día y currar para pagar a los bancos, de hipocresía, de falsa modestia, de nubes y claros. Estoy harta de tanto pensar, de nunca tener nada claro, harta de no hacer cada noche el amor, de tanto gritar, de no gritar mucho más alto. Desquiciada de congelarme de frío en invierno y asarme en verano, de que correr sea cosa de cobardes y de que la luna no salga de día a bailar junto a mí.
jueves, 6 de agosto de 2009
Angustiada, desquiciada, harta.
Asustada de encender la televisión y sólo ver charcos de sangre en cualquier ciudad de horror y de espanto, de llantos de muerte tapando heridas con sal. Angustiada de madrugar cada día y currar para pagar a los bancos, de hipocresía, de falsa modestia, de nubes y claros. Estoy harta de tanto pensar, de nunca tener nada claro, harta de no hacer cada noche el amor, de tanto gritar, de no gritar mucho más alto. Desquiciada de congelarme de frío en invierno y asarme en verano, de que correr sea cosa de cobardes y de que la luna no salga de día a bailar junto a mí.
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ResponderEliminarelsueño de Ícaro